Aujourd’hui, c’est Alex qui nous gratifie du récit du jour, en espagnol. Pour ceux qui ne le connaissent pas, Alex c’est mon beau-frère, le mari de Laeti donc. Et la famille revient tout juste de 3 ans passés à Madrid, ça aide pour échanger ici même si beaucoup parlent anglais dans les zones touristiques.
¡Esta mañana ha sido un auténtico torbellino de sensaciones! Por eso no nos ha costado tanto levantarnos… aunque el despertador sonó a las 6:20.
Para empezar, un desayuno de campeones con vistas por encima del dosel del bosque, y además, la aparición de un animal aún desconocido para la familia Bianco: el Coati
Justo después nos hemos puesto en marcha hacia las tirolinas.
Como casi todos hablábamos bien español, hemos podido seguir las instrucciones de seguridad en un grupo reducido y, así, ser los primeros en lanzarnos, antes de la llegada de la avalancha de turistas.
Entre risas y exclamaciones, las bajadas se iban sucediendo, cada una más impresionante que la anterior, combinando paisajes espectaculares sobre la canopia con descargas de adrenalina. Esta vez no hemos visto muchos animales… ¡íbamos demasiado rápido!
Y para rematar, la tirolesa en modo superman: enganchados por la espalda, completamente estirados, cabeza por delante, sobrevolando el bosque como si voláramos … antes del famoso salto de Tarzán para Basile, Julien y Alex. Por desgracia, Auguste no pudo hacerlos por no alcanzar el peso mínimo… ¡aunque le habrería encantado!
Después hemos seguido con un pequeño safari a pie a última hora de la mañana. ¿Qué nuevas especies autóctonas se suman a nuestra lista? Pues nada menos que 12 perezosos, 2 jaguares (uno de 90 kg y su hermana de 60 kg) y un tapir de 250 kilos!
De ahí, directos al centro de Monteverde para almorzar: pizza y pasta, seguidas de un buen café costarricense.
La tarde ha sido de pura calma en el hotel: piscina, siesta, lavandería y montaje de vídeos en el programa. Y antes de las seis, escapada al aperitivo para aprovechar el happy hour y ver el atardecer… que al final se ha transformado en una preciosa llovizna.
Para cenar, nos hemos ido al TreeHouse, un restaurante con música en directo. La verdad… no nos ha entusiasmado: demasiado alta para disfrutarla de verdad.
En resumen, un día redondo que termina junto al fuego, escribiendo estas líneas.
¡Pura vida!